miércoles, 18 de febrero de 2009

El ultimo beso

Era una noche enigmática y fría llena del tenebroso y oscuro sonido de los búhos que descansaban en la copa de aquel árbol alto y coposo de raíces profundas como la historia. Que dejaba ver su sombra sin sentido, tan sin sentido como una hoja en blanco que no sabemos que interpretar, que nos trasmite.
Los destellos brillantes de ese cielo tan azul como el mar que se pierde en el horizonte y las estrellas relucientes como las luciérnagas que alumbran el camino, eran lo único que la acompañaba a ella en su tristeza y vacío.
Ella estaba recostada a lo largo de las raíces del árbol apretándolas como su más grande tesoro, como su único objeto de valor. Se preguntaba que sería de su vida, que sanaría su dolor. Su insondable padecimiento, ya no la atemorizaba, no le tenía miedo a nada. Esa soledad a grado de desesperación ni la lastimaba.

A lo lejos, se escuchaba el crujir de las hojas secas que el frío y relente viento dejaban caer, y él de paso fuerte y firme las abatía con su rápido andar. Parecía que buscara algo, algo incontable e inexistente, algo que sabes que no existe, no esta, pero guardas la esperanza de encontrar.
Caminaba y caminaba sin parar, no se detenía en su andar. Solo una diminuta roca lo tropezó y lo hizo frenar. En ese momento perdió su libertad.

Su mirada se cruzó con aquella muchacha de ojos verdes y claros como el diamante que eran capaces de reflejar lo más profundo de su interior. Cabellos negros como el azabache y labios que enardecían como la más grande de las fogatas. Él la observo y su belleza lo impacto y fue su ansiedad y debilidad la que la hizo que ella se decidiera a besar.
Se sumergieron en un beso intenso que despertaba el éxtasis del ser mas inerte, y sus caricias dóciles superaban la suavidad de un bebe. El rocío de la noche los acompañaba y humedecía, mientras que ellos sus almas abrazaban y entregaban.

Empezaba a amanecer y los rayos luminosos y férvidos del sol no superaban el calor de sus cuerpos….
Intempestivamente ella lo alejo de su cuerpo, de su lado no permito que el continuara en su regazo y le dijo
- Me despido sin un beso, te despido ya.
Y desapareció en las profundidades del espeso y tenebroso bosque. Él, solo y desgarrado inundo su cuerpo con lagrimas, lagrimas del abandono y melancolía, y desde entonces su vida mortal y finita se convirtió en inmortal y eterna.

1 comentario:

  1. Es linda la historia, relata de forma poética el cruel sentir de muchas mujeres que se cuando las usan solo para sexo y las abandonan en al noche siguiente

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Hay que construir y alimentar la mente.